domingo, 22 de octubre de 2017

Jardines del Campo del Moro



Hoy hemos decidido dar un paseo por los Jardines del Campo del Moro, en Madrid. Mucha gente piensa que se puede entrar en ellos por la parte de arriba, la que está junto al Palacio Real, pero no. De las tres puertas de entrada al Campo del Moro, sólo se puede acceder a los jardines por una: la que está en el Paseo de la Virgen del Puerto.

Tiene horarios de acceso (los puedes ver más abajo), pero la entrada es gratuita y además no son jardines llenos de gente, da gusto pasear con tranquilidad por sus casi 20 hectáreas, sus arboledas y fuentes, ver los pavos reales, dar de comer a los patos y perderse por los caminillos con los chavales.

Los niños pequeños son los que mejor se lo pasan; nosotros hemos ido mucho cuando nuestros hijos eran pequeños. Ahora también paseamos alguna mañana soleada, sobre todo en otoño, es de lo más relajante.

Aparte de su belleza y tranquilidad, los jardines del Campo del Moro tienen una curiosa historia y algún secreto bien guardado, como el famoso túnel de Napoleón, que, por cierto, parece que se volverá a reabrir en breve. También es interesante el origen de su nombre (¿no os preguntáis por qué se llama Campo del Moro?). Pues seguid leyendo, que os lo contamos todo.



¿Por qué se llama el Campo del Moro?

Cuando se crearon los jardines, se les quiso dar algún nombre con reminiscencias históricas y, buscando, encontraron un hecho que les sirvió: en 1109, a la muerte de Alfonso VI, el caudillo musulmán Alí ben Yusuf quiso reconquistar Madrid y, para ello, acamparon en la ladera donde hoy está el Campo del Moro (era un barranco, no estaba como hoy lo conocemos, claro). Su objetivo era atacar el alcázar que estaba en lo que hoy es el Palacio Real por esa zona cercana al río Manzanares. No lo consiguió, pero su intentona acabó pasando a la historia gracias a estos jardines.

Unos jardines difíciles de crear

Pues sí, si conocéis la zona (y, si no, fijaos cuando vayáis), entre la ribera del Manzanares y el alto donde se encuentra el Palacio Real de Madrid, hay un gran desnivel, que en la Edad Media era un gran barranco. Varios reyes, ya desde Felipe II, quisieron crear aquí una zona de paso hacia la Casa de Campo, que sirviera para pasear y descansar del trabajo palaciego.

Ningún proyecto prosperó hasta el siglo XVIII, precisamente por la dificultad del terreno. Sin embargo, Juan de Villanueva presentó un plan viable con el que conectaba el Palacio Real con la Casa de Campo mediante una gruta artificial (a la que luego se dio el nombre de Túnel de Bonaparte). Se excavó en 1810 y quedan aún partes, que, según parece, se van a abrir al público a lo largo de 2017.

Finalmente, en 1844, se dio el impulso final que dio lugar a los actuales jardines del Campo del Moro. La obra la ideó el mismo arquitecto que diseñó la plaza de Oriente (de nombre Narciso Pascual y Colomer). Se rellenó el desnivel con cascotes y materiales de las viviendas e iglesias demolidas durante la ampliación de la Puerta del Sol. Se creó como una alfombra que realzaba la fachada trasera del Palacio Real, y que unía suavemente éste con la ribera del río.

Para adornar los jardines se trajeron dos fuentes: la de las Conchas (estaba en el palacio de Boadilla del Monte) y la de los Tritones (del Jardín de la Isla, en Aranjuez). Es verdad que las obras se tuvieron que suspender por revueltas políticas, pero, a finales del siglo XIX, se terminaron y se plantaron 9.500 árboles y 20.800 arbustos. También se construyeron algunas casas de maderas para los jardineros. En 1960, se instaló dentro el Museo de Carruajes.

Los Jardines del Campo del Moro se encuentran en el centro de Madrid y puedes llegar a ellos en transporte público o acercarte en una de las rutas en autobús turístico, que te paseará por éste y otros lugares emblemáticos de la capital.

Horarios del Campo del Moro

Los Jardines del Campo del Moro abren de octubre a marzo, todos los días de la semana, de 10:00 a 18:00 h. En los meses de abril a septiembre, ese horario, también de lunes a domingo, es de 10:00 a 20:00.



Dónde están los Jardines del Campo del Moro

No es fácil aparcar por la zona, salvo en el parking del centro comercial Príncipe Pío, que está al lado. Pero se entra por el Paseo de la Virgen del Puerto y hasta allí llegan varias líneas de autobuses; también tenéis el metro Prínicpe Pío. En este mapa podéis ubicaros fácilmente.

jueves, 19 de octubre de 2017

La maldición de la calle Marqués de Monasterio



En la calle Marqués de Monasterio, número 10, Madrid, se encuentra una tienda de antigüedades conocida como “El Baúl del Monje“. Un lugar en la ciudad, en pleno corazón de ésta, dónde en el año 1998 comenzaron los extraños golpes surgidos de la nada, estallidos de inexistentes cristales, muebles que se arrastran solos por el local o relojes cuyas manecillas enloquecen y giran a ritmos asombrosos y, sobretodo, una de las más extrañas características de los poltergeist: los aportes

Los “aportes” son materializaciones repentinas de cuerpos sólidos, comúnmente de pequeño tamaño. En el “Baúl del Monje“, estas materializaciones se hacían patente en monedas fuera de circulación, botones o pedazos de madera quemada.

Anteriormente, en ese lugar había sido la casa de un abogado, éste al quedarse dormido con un cigarrillo, provocó el incendio del cual no pudo salvarse.

Pero lo que más impresionó a Ángela y a Noel, los dueños de la tienda, fue un suceso sorprendente y a la vez terrorífico, protagonizado por una cabeza de carnero de terracota:

“Cada mañana, cuando ingresaban a la tienda, la encontraban en lugares distinto, era como si una mano invisible, caprichosamente, la cambiaba de lugar. Y como no conseguían venderla, decidieron tirarla a un cubo de basura, fuera del local. Pero a la mañana siguiente, estaba ahí, de nuevo en el local.”

Cansados y sin ninguna explicación de los acontecimientos que se sucedían día tras días, decidieron llamar a un grupo de parapsicólogos, llamados grupo HEPTA. Fueron testigos de muchos sucesos paranormales pero no supieron dar explicación, del “por qué” y del “por qué razón” de dichos sucesos.

Los fenómenos registrados previos a la llegada del grupo Hepta de investigación paranormal eran descritos como agresivos, de gran intensidad y muy frecuentes. En el inmueble, localizado en la calle Marqués de Monasterio número 10, Se producían fenómenos de materialización, apariciones, ruidos inexplicables y movimiento de objetos inanimados todos los días y todos ellos de índole Poltergeist. Algunos de los fenómenos fueron presenciados por clientes de la tienda.

A la llegada del grupo Hepta comenzaron una serie breve de investigaciones que arrojaron los mismos resultados. De aquellas investigaciones emanan las siguientes declaraciones de los miembros de aquel grupo de investigación

Las lámparas comenzaron a moverse solas. Por ejemplo, los adornos cristalinos que cuelgan de ellas aparecían en otras habitaciones. Saltaban delante de tus ojos o directamente se rompían. Se abrían solos los grifos, a veces parecía como si se cayera una vajilla contra el suelo y muchas otras surgía un olor a podrido que se transformaba en un aroma a rosas increíble. Surgía por las habitaciones e impregnaba algunos muebles. Olía a pelo quemado dentro de uno de los armarios.

Estábamos un día organizando la tienda. Encima de la mesa teníamos un velón y de repente se encendió solo. En otra ocasión Noel tiró a la basura una cabeza de carnero porque parecía cobrar vida. Después de tirarla a la basura la encontramos en la puerta del local. A partir de ese día la hemos escondido.

Había días que cerrábamos la tienda y veníamos a ver qué pasaba. Siempre a la misma hora se desencadenaban los acontecimientos. Estando con unos amigos en la salita principal comenzaron a caernos unos trocitos de madera como carcomida y húmeda.

Los fenómenos desaparecieron tan rápidamente como aparecieron, sin dejar explicación alguna, tanto para los dueños como para los investigadores, que siguen preguntándose: “¿Qué ocurrió en ese lugar?”.

Uno de los investigadores, que era físico, utilizó un magnetómetro para realizar alguna de sus investigaciones, que arrojaron que en un punto determinado del local, el campo electromagnético era cercano a 0 nano-Teslas, algo imposible según la física actual; ya que el espacio terrestre es atravesado por diversos campos electromagnéticos.

lunes, 16 de octubre de 2017

Cuartel de Conde Duque



La sede de la Real Guardia de Corps es hoy el espacio con más fondos históricos. Guarda con celo incunables y textos de Calderón de la Barca de su puño y letra.

Es más grande que el Palacio Real. Sus 58.777 metros cuadrados guardan tesoros de la historia de Madrid desde el siglo XI. O antes. Sobre fueros, costumbres, música, arquitectura, prensa y un sinfín de cosas más. Es el custodio de la historia de una ciudad palpitante, abierta y con sed de aprender. Y de enseñar. Entramos en el Cuartel de Conde Duque, un templo de la historia y la cultura.

Cuatro horas de recorrido no han bastado. Hay 100 kilómetros de estanterías.Otros tantos de pasillos, bóvedas, escalinatas y salas. Incunables, manuscritos, joyas de la música y la literatura se reparten los honores bajo el mimo de todo el personal que atiende estos tesoros ocultos. Albergó a los mejores soldados de la Real Guardia de Corps con sus 400 caballos. Casi perece en un incendio (1869), estuvo a punto de ser derribado (1975), pero hoy luce con esplendor y es el foro por excelencia de la memoria de Madrid.

Ahí están el Archivo de la Villa, con su Fuero de 1202. Este lugar es punto y aparte. Dicen que el Archivo fue la nodriza de todos los demás: la Biblioteca Histórica, la Hemeroteca Municipal, la Biblioteca Musical y el Museo Municipal de Arte Contemporáneo. Hoy, todos están aquí juntos. En el Conde Duque es fácil disfrutar de antiquísimas partituras musicales, de noticieros y publicaciones de todo el mundo desde el siglo XVIII y, también, de los «Autos Sacramentales» de Calderón de la Barca escritos de su puño y letra.

Entre las curiosidades, el nevero. Una fresquera bajo tierra que se llenaba de nieve prensada para conservar los alimentos de los militares a principios del siglo XVIII. Algo así como el «combi no frost» de aquella época. Es un lugar enorme y abovedado que impone. Mucho más cuando te cuentan que por aquí se ha paseado el fantasma de una mujer ajusticiada, que se escuchan sonidos, se ven sombras y rondan historias de espectros. De hecho, hay imágenes de un equipo de expertos midiendo campos magnéticos y psicofonías. Estos cazafantasmas trabajaron dentro de esta imponente bóveda hoy revestida de ladrillo visto.

El cuartel es un edificio barroco (churrigueresco) construido a partir de 1717 por Pedro de Ribera, junto a los muros del Palacio de Liria, residencia de la Casa de Alba. Fue Felipe V, primer Borbón, quien mandó al corregidor marqués de Vadillo hacer «la fábrica y obras que se necesita en el cuartel de sus reales Guardias de Corps, junto al convento de nuestra Señora de los Afligidos, para alojamiento de 600 guardias y 400 caballos». Este cuartel formó parte del sistema de comunicaciones mediante telégrafo óptico, ideado en España en el siglo XIX. La torre de telegrafía era la número uno de la Línea de Castilla, que comunicaba Madrid con Irún.

En cuanto al nombre del cuartel, hay varias versiones. Según Mesonero Romanos era del conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV. También se dice que el nombre viene de su asentamiento en un solar que fue palacio del conde de Aranda y duque de Peñaranda. Sea como fuere, hoy el Cuartel del Conde Duque es un espacio consagrado a la cultura. No sólo por las joyas que atesora, sino porque también es biblioteca municipal, guardián de nobles y antiguos instrumentos, colecciones de vinilos, así como de libros antiguos y nuevos.

29.000 volúmenes

Su Biblioteca Histórica conserva fondos de la antigua Biblioteca Municipal, con más de 209.000 volúmenes de obras manuscritas e impresas entre los siglos XV y XXI. Guarda sus incunables en cámaras de seguridad y en tres armarios ignífugos. Vemos la partitura de «Fausta de Danizetti», una ópera del XIX y diez tomos de sainetes de don Ramón de la Cruz.

Llegamos a la Biblioteca Musical. Un antiguo piano Collin-Collard da la bienvenida. Tiene 320 instrumentos de cuerda y viento como, por ejemplo, una gramola, un kito (instrumento japonés usado por las gheisas) y un órgano bellísimo que se tocaba en el pabellón de caza de la Casa de Campo. Algo único de esta biblioteca es su sección de préstamo de instrumentos para personas sin recursos que no pueden comprarse uno. Se prestan por un curso académico. La convocatoria, siempre en septiembre. Hay tortas.

viernes, 13 de octubre de 2017

Museo Nacional del Prado



Primero fue Museo de Historia Natural y junto con el Real Jardín Botánico y el Real Observatorio Astronómico, componían la Colina de las Ciencias proyecto a realizar en el entorno del Paseo del Prado de San Jerónimo. Eran tiempos dónde el rey Carlos III veía esencial desarrollar el conocimiento de estas materias para el crecimiento económico.

Encargado en un principio, todo el conjunto, al arquitecto de la Casa Real, el italiano Sabatini, sin embargo fué Juan de Villanueva quien cogió el timón de estas grandes obras y las proyectó. Es un momento de la Historia de Madrid (1777), dónde el secretario de Estado (Presidente de Estado) conde de Floridablanca del rey Carlos III cuenta con Juan de Villanueva como arquitecto, que posteriormente sustituiría a los arquitectos de los Reales Sítios, llegando a ser arquitecto mayor de Carlos IV.

En estos edificios se manifiesta claramente la influencia del lugar, tanto física como anímica, como condición y como motivo de inspiración, para el proyecto de la arquitectura. La propia inclinación del terreno donde va a enclabarse el Museo, le sirve de base incluso emocional a sus proyectos.

El edificio del Museo tiene que dar cabida al museo-galería propiamente, una academia y un salón de juntas. Para el proyecto del edificio se hicieron hasta tres planos y una maqueta, que alberga hoy en día el propio Museo del Prado.

La doble pendiente que tiene el terreno, donde se decide ubicar el edificio, le sirve a Juan de Villanueva para situar allí la entrada principal a la Galería, sacándole el máximo partido a esta peculiaridad topográfica del solar. Consigue unir con una expresiva rampa con curva el nivel del Paseo del Prado con el nivel de la entrada a la Galería, un desnivel de casi siete metros de alto. Creando así un edificio paralelo al Paseo donde cada estancia tiene su propio acceso.

En 1785 se empiezan a remover las tierras y en el 88 se alzan los primeros muros. El edificio en su concepción original, está formado por un cuerpo central terminado en ábside, al que flanquean dos galerías alargadas que terminan en pabellones cuadrados, uno a cada extremo. Está recorrido por una serie de columnas a todo lo largo y de fanales donde se sitúan unas esculturas, que crean un ambiente de lo más armonioso, evitándo la frialdad que puedieran trasmitir las columnas. En el centro del eje, tiene un acceso al salón, lo que hoy llamamos Puerta de Velázquez, con un frontón cuadrangular, en vez de triangular como tienen muchos otros edificios, lo cual le dá originalidad y un friso escultórico representando una alegoría del rey Fernando VII, obra de Ramón Barba. Delante de esta Puerta, se encuentra una estatua de Velázquez, obra del escultor Aniceto Marinas y que se inauguró con la presencia de la reina regente y de Alfonso XIII en una emotiva ceremonia rindiendo honores al gran pintor Velázquez y a la pintura española.

La Puerta Norte, hoy Puerta de Goya, que da acceso al Museo presenta un pórtico con dos columnas jónicas y sobre ellas un entablamento liso. La escalinata actual que existe en esta Puerta, se construyó en 1882, eliminando la rampa inicial que había proyectado Juan de Villanueva y haciéndo patente que la Puerta Norte está en el segundo piso y se accede por la escalinata.

En el otro extremo la Puerta a la Academia de las Ciencias, hoy Puerta de Murillo frente al Jardín Botánico, fachada sur, está formada por un vano adintelado, de acceso al interior, y una logia o galería con seis columnas de orden corintio sobre las que se apoya un entablamento.

El interior del edificio es abovedado en sus salas centrales. El vestíbulo de la entrada norte está formado por una rotonda con ocho columnas jónicas cuya bóveda tiene decoración de casetones.

El Museo de las Ciencias sufre una serie de calamidades, que le harán cambiar en parte la fisonomía que proyectó Juan de Villanueva. Entre otras, la destrucción de buena parte del edificio durante la guerra de la Independencia con los franceses y la utilización como cuartel de caballería francesa en 1808. La restauración la apoyó fundamentalmente la mujer del rey Ferando VII, Isabel de Braganza, en 1818, y la llevó a cabo Antonio López Aguado, discípulo del arquitecto y autor. En las diversas actuaciones, la Puerta de Velázquez adquiere mayor notoriedad.

Al año siguiente se inaugura el edificio, esta vez ya como Museo Real de Pinturas, conteniendo parte de las colecciones Reales de Pintura y Escultura Españolas, venidas de los distintos Sitios Reales, entre otras las de Velázquez.

Hay que tener en cuenta que las obras de Velázquez no han salido de palacio y no son vistas por el público en general hasta que este Museo del Prado abre sus puertas al público en 1819. En ese momento la relevancia del pintor no se hace del todo patente, pues los gustos artísticos de los visitantes de la época, son más bien románticos, con un estilo naturalista y de gran religiosidad, muy distintos al estilo barroco del artista. Por tanto hasta la segunda mitad del siglo XIX y hasta la estancia del pintor francés, Manet, quien le descubrió realmente, no se le consideró el mejor artista de todas las épocas y nacionalidades.

Poco a poco y por el incremento del número de obras, se van haciendo nuevas salas, con monografías de los diversos autores.

El Museo cuenta con la mejor y más valiosa colección de pintura de artistas universales (más de 9.000 pinturas). Las diversas Casas Reales han seguido la tradición de coleccionar arte y por ello es tan numerosa. Incluso podría ser mucho mayor, si contáramos con los expolios que se han llevado a cabo en las distintas contiendas sufridas en el País o en los Reales Sitios por donde estában distribuídas las obras. Hasta la desamortización de Mendizábal en 1835, el Museo no adquiere la categoría de Museo Nacional, después de la absorción de los fondos del disuelto Museo de Trinidad en 1872.

En la actualidad la colección del Museo tiene obras de pertenecientes a la Pintura española, Pintura italiana, Pintura flamenca, Pintura francesa, Pintura alemana. Pintura holandesa, Pintura británica, Dibujos y estampas, Escultura, Artes decorativas

En 1995 se llega a un gran acuerdo para la modernización y ampliación del Museo Nacional del Prado, obra que ganará en concurso el arquitecto Rafael Moneo, quien ya había trabajado en otros proyectos parecidos, como el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida y el Museo Thyssen-Bornemisza. El proyecto se termina en 2007 no sin causar polémica entre los madrileños. La reordenación de las colecciones está previsto que termine en el próximo año 2012.

Dicha ampliación es necesaria para albergar nuevas colecciones e infraestructuras del propio Museo. El proyecto conecta el edificio de Juan de Villanueva, con el claustro de la Iglesia de los Jerónimos, a través de un cubo de ladrillo y una serie de pasillos internos.

lunes, 9 de octubre de 2017

Diccionario para entender a un madrileño



Es cierto que cuando llegas nuevo a una ciudad, una de las cosas que más te sorprenden, y a las que te resulta obligado familiarizarte es a su propio vocabulario. Soy consciente de que en mi Pamplona natal utilizamos términos que pocas veces se entienden fuera de nuestra cuenca pero, no os podéis imaginar la de nuevas palabras que he ido aprendiendo, y adoptando, desde que me mudé a la capi en el ya lejano 2008.

Fue en mi primera incursión a las Vistillas, cuando supe que a los vasos de casi un litro de bebida se les llamaba “minis”. ¡Qué raros son estos madrileños! (Pensé entre trago y trago). Con el paso del tiempo supe que los chichos y las chicas, eran en verdad, pibes y pibas. Tampoco tardé demasiado en conocer el sistema métrico universal madrileño que se resume en una sola palabra “mazo”. Todo término o enunciado acompañado de estas cuatro palabras indican una cantidad cuasi infinita y absoluta.

Una de mis últimas incorporaciones a este vocabulario ha sido la palabra “teki”. Imagino que la mayoría ya lo sabréis, pero yo descubrí hace bien poquito que así es como llaman en esta alocada ciudad a los taxis. ¿Cuál será el origen de este vocablo? Sin duda, un secreto a investigar.

Como manual de ayuda para los nuevos en la ciudad, o para que los expertos puedan hacer un balance sobre su conocimiento lingüístico castizo, os dejo este genial y divertido infográfico que han hecho la gente de Uniplaces, un portal que te sirve para encontrar alojamiento hasta en 30 ciudades de Europa y, por supuesto, en Madrid. Se han currado este diccionario gracias al cual nunca más volverás a poner una cara de extrañeza cuando escuches hablar a un madrileño. Aquí tienes 32 expresiones que si has estado en Madrid te serán familiares. Ojalá lo hubiese tenido a mano hace unos años, me hubiese librado de unos cuantos malentendidos…

Aquí están las 32 expresiones madrileñas y su traducción en castellano e inglés

Peluco → Reloj → Watch
Chupa → Chaqueta de cuero → Leather jacket
Gayumbos → Calzoncillos → Underwear
Piba / pibe → Chico / Chica → Boy / Girl
Sobar → Dormir → Sleep
Adobarse → Autoinvitarse → Self invite
Esfumarse → Escaparse →Run away
Molar→ Gustar → Like
Darse el piro → Irse → Go away
Bule → Autobús → Bus
Tek i→ Taxi→ Taxi
Buga → Coche →Car
Está fetén → Está bien→ Smashing
Ir cuezo → Ir borracho → Get hammered
En 0 coma → Muy rápido → Very fast
A pachas → A medias → (To go) halves
A cholón → A saco → Go all out
Ser un bragas → Calzonazos → Wuss
Mazo → Muy/Mucho → A lot
Un moco → Una borrachera → Drunkenness
Estar al loro → Estar atento → Be aware
Guindilla → Policía → Cop
Keli → Casa → House
Quedado → Ser un notas → Attention seeker
Pirao → Loco → Crazy
Chachi → Superior → Top
Macaco → Feo → Ugly
Pipa → Tonto → Silly / Fool
Jeta → Cara →Face
Napia → Nariz → Nose
Jero → Culo → Ass
Mini → Vaso de 750 ml →750 ml glass



jueves, 5 de octubre de 2017

Los fantasmas del Canal


Lo comentábamos anteriormente, todos los teatros tienen o quieren tener un fantasma. En el caso de los Teatros del Canal, la historia cuenta con ingredientes interesantes como caldo de cultivo. 

Este lugar emblemático del arte escénico más actual tiene una ubicación especial. La zona de Chamberí era un bosque que fue perdiendo su condición natural convirtiéndose en terrenos pertenecientes a potentados y congregaciones religiosas. 

Algo que suele suceder en el caso de los ensanches burgueses. En esta zona se encontraba un antiguo cementerio que se levantaba bajo el lugar que hoy ocupa Canal. Esta circunstancia ha dado ápice a historias de apariciones de clérigos y entes de todo tipo en el teatro. Seres de ultratumba que vagan por los pasillos, sucesos extraños o susurros que se pierden en la platea. En Canal los fantasmas con más arte tienen un templo que visitar.



lunes, 2 de octubre de 2017

El cementerio maldito del Museo Reina Sofía



Ataúlfo, el fantasma del Reina Sofía, y otros fenómenos paranormales Edificado sobre un antiguo sanatorio, con cientos de personas sepultadas en el subsuelo, leyendas y supuestas apariciones persiguen la vida del centro cultural. Un grupo investigador realizó un informe para desentrañar el misterio.

Se cumplen 30 años desde que el antiguo Hospital de Caridad de Madrid reabriera sus puertas transformado en Centro de Arte Moderno Reina Sofía, anticipo de lo que sería el actual museo nacional. Un pasado denso en vivencias y sufrimiento que parecen seguir impregnando los viejos muros de tan mastodóntico edificio. Trabajadores, sobre todo, y visitantes hablan de sensaciones extrañas, fenómenos paranormales, imágenes de épocas pasadas… Parece que el tiempo se ha detenido en dicho lugar, pese a las sucesivas obras de reforma y transformación que ha experimentado.

Este espacio está marcado por los supuestos sucesos sobrenaturales que han tenido lugar a lo largo de los años. También por el dolor y la tragedia. Es como si la maldición de este edificio abarcara los casi cuatro siglos y medio de su apretada historia. Se alza amenazante sobre un cementerio pródigo en enterramientos, sobre todo de indigentes, niños abandonados, presos ejecutados, dementes y soldados caídos en combate. Ubicado frente a la estación de Atocha, es un claro ejemplo del Madrid más oscuro y tenebroso.

El edificio primigenio se empezó a construir en la segunda mitad del siglo XVI por iniciativa del rey Felipe II. Deseaba centralizar en este lugar todos los sanatorios dispersos en la Corte. Precisamente en dicha zona ya existía un albergue-sanatorio donde se enterraba a los más pobres.

Dementes y niños abandonados

Durante su azarosa existencia fue un centro asistencial donde se conjugaban la sanidad, el estudio de la medicina —se realizaron miles de autopsias— y la caridad. También un núcleo de reclusión de dementes y niños abandonados. Durante la Guerra Civil se convirtió en hospital de sangre y en prisión. Sus lóbregos muros fueron escenarios de torturas y ejecuciones. Los cadáveres se amontonaban por cientos en los pasillos.

Tras la contienda civil se reabrió como Hospital General de Madrid, hasta quedar cerrado en 1965. Después de tan ajetreada existencia la calma invadió habitaciones y subterráneos. Lo único que se oía era el maullar de miles de gatos que buscaron refugio entre sus sombras.

En 1980 se emprendió la restauración, siendo reabierto seis años después como centro de arte. Posteriormente, se desarrollaron nuevas obras de reforma y ampliación para inaugurarlo en 1990 como museo nacional.

En cuanto se metió la piqueta empezaron a salir a la superficie abundantes huesos humanos, especialmente debajo del jardín y otras zonas próximas. El antiguo sanatorio, con gran capacidad para cientos de personas, fue escenario de la muerte de una cantidad ingente de enfermos que eran sepultados allí mismo. Era en la época de peste y otras epidemias. Había osarios por todas partes. También se encontraron cadenas, grilletes y material sanitario, entre otras cosas.

Los obreros de la construcción sintieron —o creyeron ver— presencias extrañas acompañadas de ruidos misteriosos. Después ocurrió parecido con trabajadores y visitantes del centro. Sobre todo, los vigilantes que realizaban frecuentes rondas nocturnas por los sótanos. Un cúmulo de fenómenos paranormales. Voces lastimeras en las bóvedas donde antaño estuvo situado el manicomio, extraños pasos en los corredores desiertos, golpes secos tras las paredes… Incluso figuras errantes vagando por los pasillos que fueron captadas por las cámaras de seguridad.

El funcionamiento eléctrico empezó a verse afectado. Alarmas que saltaban sin motivo, ascensores que se ponían en marcha pese a estar desconectados, puertas cerradas que se abrían solas y otras inexplicables anomalías. A todo ello se sumó el testimonio de funcionarios, personal laboral, contratados y demás operarios que oían impactos y hasta algún gemido tras las estanterías de la biblioteca, oficinas, cuartos de baño… Incluso, proveedores y visitantes. Cundió el temor.

Las supuestas apariciones causaron gran conmoción. Por los pasillos creyeron ver en diversas ocasiones a tres monjas, con el hábito de las Hermanas de la Caridad, andando lentamente a modo de procesión. Llevaban los brazos cruzados hacia los hombros, toca blanca de grandes dimensiones y rosario de cuentas gruesas junto a la cintura. El tintineo de éstas acompañaba sus cánticos religiosos. Al llegar al final del pasillo desaparecían, a modo de fundido en la piedra, entre un ligero sonar de campanillas.

Las empleadas de la limpieza observaron a primera hora de la mañana, cuando fregaban las grandes cristaleras que dan al patio central, la figura de un anciano con aspecto mesiánico sentado en uno de los bancos. Con su larga melena y poblada barba blanca parecía una especie de Moisés viendo pasar el tiempo.

Aunque se argumentó que podía tratarse de un mendigo que se refugiaba durante las noches en el interior del museo, resultaba imposible del todo. Las grandes medidas de seguridad del mismo y el hecho de que en pleno invierno apareciera descansando al aire libre echaban por tierra cualquier subterfugio al respecto.

Antaño, sus sótanos estaban conectados con el edificio próximo en el que se encuentra el Conservatorio Superior de Música. Pasillos y escaleras fueron tapiados tiempo atrás. También en dicho centro se han producido fenómenos paranormales. Empleados y alumnos afirman haber visto a un caballero, ataviado a la antigua usanza, con capa y embozo. Incluso algunos conserjes fueron testigos de lavadoras que se ponían en marcha solas a mitad de la noche, así como microondas y televisiones que entraban en funcionamiento solas en cualquier momento.

ATAÚLFO, EL FANTASMA DEL MUSEO

Dicen las leyes no escritas que para que en una casa encantada sucedan fenómenos paranormales deben haber ocurrido hechos sangrientos o de extremo sufrimiento. Y, por supuesto, contar con un fantasma oficial.

Según me consta, una tranquila noche cuatro vigilantes del museo se animaron a descubrirlo. Una ouija podía ser el medio ideal para que se manifestara. Y el sótano, el escenario perfecto. El tablero tan solo iluminado por una tenue luz y un ambiente impregnado de olor a humedad y yeso. Colocaron la punta de sus dedos sobre el vaso, situado boca abajo. El más decidido, a media voz, hizo la pregunta de rigor.

—¿Hay alguien ahí?

Silencio absoluto. Se miraron entre ellos. Otro de los presentes insistió.

—¿Hay alguien entre nosotros?

El pequeño recipiente empezó a moverse. Al principio con lentitud. Se dirigió al “sí”.

—¿Quién eres? ¿Dónde estás?—, inquirió un tercero con voz trémula.

El vaso empezó a deslizarse con rapidez. Se dirigió a la letra A, después a la T, de nuevo a la A. La atmósfera se estaba cargando por momentos. El recipiente de cristal seguía constante su curso.

—Mi nombre es Ata y soy un paciente del hospital. Soy un loco peligroso y un asesino.

Conmoción, asombro, sobrecogimiento, estupefacción. Faltaba el susto, que se produjo de inmediato. Dos secos golpes en la pared hicieron que los cuatro trabajadores se levantaran raudos abandonando la estancia. Parecía que el extraño visitante acababa de manifestarse. Al poco, una vez repuestos del susto, volvieron al lugar. El jefe del grupo de vigilantes, excelente profesional y caracterizado por su sentido del humor, decidió rebajar la tensión existente.

—Ata… Ataúlfo. Es Ataúlfo.

De este modo quedó bautizado el espíritu que acaba de presentarse oficialmente. Un nombre parejo ya a la historia del museo.

Más animados, intentaron de nuevo comunicarse con dicho espíritu. No tuvieron que esperar.

—Dentro de unos días vas a tener una gran desgracia, prepárate.

Los cuatro vigilantes se miraron entre ellos sorprendidos. No sabían a quién se refería. Decidieron poner fin al juego. Pocos días después moría en accidente de tráfico un familiar muy próximo de unos de los allí presentes.

Con el paso del tiempo los fenómenos paranormales fueron en aumento, así como la psicosis colectiva. En especial entre los trabajadores, cada vez más inquietos. Llegaron quejas de algunos vigilantes a la prensa informando de la difícil situación en que desarrollaban su labor nocturna y el temor a hacerlo público por miedo a represalias laborales. No les faltaba razón.

Una de ellas, Raquel Arrogante Díaz, decidió cortar por lo sano, denunciando ante los organismos oficiales las anomalías que sucedían en dicho centro. Durante 17 meses había estado en el control de accesos a los ascensores de cristal. Posteriormente, junto al famoso cuadro Guernica. A causa de las extrañas sensaciones que percibía en su entorno empezó a sufrir ansiedad, estrés, angustia, mareos, jaquecas. También comenzó a escuchar una voz interior. Incluso llegaba a hablar con voz de niña pequeña, como si no fuese ella sino otra persona la que se manifestaba a través de su cuerpo.

Le fue denegado el traslado a un nuevo destino. Prefirió irse al paro, pero antes presentó un detallado informe en el Servicio Central de Seguridad Privada de la Dirección General de la Policía Nacional. También denunció ante la Comunidad de Madrid la extraña situación que se vivía en el citado edificio.

Otro vigilante, que pidió la baja "por culpa de los espíritus, que le causaban nerviosismo, sudores y mareos", presentó una denuncia solicitando que acabasen con "las molestias y perturbaciones que provoca Ataúlfo". "Varios compañeros vieron cosas raras y oyeron voces del más allá", añadía. La Consejería de Medio Ambiente resolvió finalmente que "carecía de competencias sobre fenómenos paranormales".

Un fotógrafo, al que se autorizó a utilizar su cámara frente al Guernica, con la sala totalmente vacía, se llevó una tremenda impresión al revelar el carrete. En una de las imágenes se veía la inmortal obra de Picasso y justo delante la figura de un hombre de pie. Allí solo estuvieron él y, a unos metros de distancia, el vigilante que le acompañaba. A raíz de ello José Pastor, conocido reportero gráfico, tomó unas imágenes in situ de la obra de Picasso con destino al semanario El Caso. Volvió a repetirse dicho fenómeno.

UN INFORME SECRETO SALE A LA LUZ

La directora del museo, María Corral, para aclarar una situación que empezaba a resultar molesta, solicitó la intervención del grupo Hepta, dedicado a la investigación de fenómenos paranormales. A principios de 1992, con el conocido sacerdote José María Pilón a la cabeza, el equipo investigador multidisciplinar recorrió pasillos subterráneos, criptas y muros tratando de desentrañar el misterio. Allí estuvieron el arquitecto Jaime de Alvear, los físicos Lorenzo Plaza y José Luis Ramos, la periodista Sol Blanco Soler, la sensitiva Paloma Navarrete y la cámara Piedra Cavero.

Realizaron mediciones de campos electromagnéticos en busca de cualquier anomalía, análisis radiestésicos, barridos fotográficos... En las instantáneas captaron globos de luz de una tonalidad verdosa.

La zona del sótano fue el lugar de mayor fenomenología, ya que era donde antaño estaba ubicada la capilla y se realizaban los enterramientos. Así se fue formando un cementerio que envuelve la zona de una densa energía, para algunos negativa, y que dicen afectarles a su trabajo.

Prosiguiendo con las investigaciones detectaron que, tras una pared del almacén de pinturas, había cuerpos enterrados en unos nichos. El jefe de seguridad, Fernando Hernández, tiró de pico e hizo un orificio a través del cual se pudo comprobar que, en efecto, había unas lápidas con los nombres de Gonzalo Peña Carrillo, capellán del rey y de su orden de Santiago y también prior de Unclés; Bernardino de Obregón, fundador de los Hospitales de Convalecientes y de la Corte, así como de la Humilde Congregación de los Siervos de los Pobres; y María Antonia Barrera Soto Mayor, benefactora de obras sociales.

Con anterioridad ya se habían descubierto los cadáveres momificados de tres monjas enterradas bajo la capilla. La fría temperatura del lugar había permitido que los cuerpos se mantuvieran en buen estado.

Sucedió que, en plena investigación, uno de los ascensores se puso en marcha pese a estar apagado y bloqueado el suministro de energía eléctrica. Así lo comprobaron los físicos de Hepta en la sala de máquinas. Lo elevadores se mantenían desconectados pero de improviso comenzaban a funcionar.

La intriga era general. El secretismo impuesto por la dirección del centro hizo que ninguna de tales averiguaciones se hicieran públicas. Como los fenómenos parecían seguir produciéndose y el malestar entre los trabajadores se iba incrementando, el nuevo responsable del museo, José Guirao, propuso al grupo Hepta que hiciera un segundo estudio in situ. Acudieron los mismos componentes de la vez anterior.

1 de marzo de 1995. Doce de la noche. Sala de la bóveda. Sobre el suelo un tablero de ouija. Máxima expectación. Esperaban que se manifestara ATA.

Minutos de expectación. Según sé, se le anticipó una mujer, de nombre Malú. Comunicó que era judía y habitaba en dicho lugar desde 1594. Afirmó que "solo quería dar gloria a Dios".

Después se manifestó otro espíritu, Aldonza de los Ángeles. Dijo haber sido priora de la comunidad religiosa del hospital en 1750. No descansaba en paz porque buscaba a una joven huérfana llamada Blanca, que estuvo bajo su tutela en dicho centro de los 15 a los 19 años. Se había fugado con un hombre sin dejar rastro.

A la tercera fue la vencida. Ata se presentó con la misma frase que tres años antes cuando se comunicó con los vigilantes. Describió con toda clase de detalles su vida criminal. Lo habían encerrado allí tras haber cometido cinco asesinatos. Ignoraba en qué año había vivido, tan solo que su rey se llamaba Carlos. Añadió que no era feliz, pero renunciaba a cualquier ayuda.

Finalmente compareció Livinio, un médico especialista en pulmón y corazón que trabajó en dicho centro durante la Guerra Civil. Concretamente, en 1938. Ayudó a los enfermos y acabó falleciendo allí mismo, posiblemente por algún contagio. Informó de que el edificio estaba concurrido por entidades que, como él, se encuentran atrapadas en nuestro plano dimensional desde 1585, año en que se abrió el albergue de caridad. Un almario donde moran los espíritus. También aclaró un dato que no se conocía con exactitud: dicho hospital había sido construido en los diez años anteriores a la mencionada fecha de apertura. Estudios posteriores corroboraron la fecha que había aportado.

Al igual que la vez anterior, el director del museo solicitó a los investigadores máxima confidencialidad sobre el trabajo realizado. A la par, encargó a uno de sus hombres de confianza en el centro que el "Informe Ata" fuera archivado para que permaneciera secreto. Pero apenas transcurrido un mes se hacía público.

Monumental enfado de José Guirao con el grupo Hepta, pensando que alguno de sus integrantes lo había filtrado a la prensa. La realidad es que la traición partió de su círculo de colaboradores.

El misterio que se venía tratando de ocultar desde tiempo atrás al fin vio la luz. Escándalo mayúsculo. Numerosos madrileños acudieron al Museo Nacional Reina Sofía preguntando por el fantasma. Nacía definitivamente la leyenda de Ataúlfo.

Los fenómenos paranormales que se producían en dicho lugar no constituían novedad para los estudiosos del tema. Ilustración Española y Americana, importante revista de finales del siglo XIX, publicaba por entonces que "los enfermos se asoman por las ventanas del hospital cuando atardece para tomar el aire, y descubren sus rostros amarillentos, algunos casi moribundos. Rostros empalidecidos por la enfermedad o quién sabe si por el sufrimiento de pernoctar en un edificio donde suelen ocurrir cosas extrañas nunca explicables, apariciones y ruidos fantasmales. Es la queja de los propios enfermos". Leyendas, historias reales, mezcla un poco de todo en el imaginario popular. El paso del tiempo ha ido incrementando la aureola misteriosa que le rodea.

EL CAMPO MAGNÉTICO

Por el contrario se pueden argumentar razonamientos físicos que pueden influir en dicha fenomenología. Sucede que por debajo del museo discurre un río, el mismo que protege la caja fuerte del Banco de España, y quizá ello afecte al cuadro motriz de los mandos eléctricos. Algo que podría poner en movimiento ascensores y otros mecanismos similares. También existe un campo magnético anormalmente alto en una zona que recorre el edificio en la orientación oeste-este.

En cuanto a los extraños ruidos que a veces se oyen, sucedió que 48 horas antes de que el museo fuera inaugurado, las obras no habían concluido. Faltaba tiempo para rematar varias de ellas. Inquirido al respecto el director en una rueda de prensa, Tomás Llorens afirmó que todo estaría a punto para el acto oficial. Y, en tan solo dos días, aquello se terminó deprisa y corriendo. Algunas partes del edificio, de modo provisional. Y, como suele ocurrir a menudo, se dejó estar, transcurrió el tiempo y se convirtió en definitivo.

Así determinadas paredes fueron tapadas rápidamente con pladur, como si se tratara del escenario de un rodaje de películas. Detrás quedaron ventanas y corrientes de aire que, a veces, hacen que aquellas se muevan y produzcan golpes. Las conclusiones del "Informe Ata" dejaban abierto el caso a nuevas investigaciones sobre tal fenomenología. Pero desde la dirección del museo se prosiguió en la habitual línea de secretismo al respecto.

En el gabinete de comunicación teníamos absolutamente prohibido conceder ninguna autorización a la prensa para que pudiera acceder a los sótanos del edificio, escenario de dicha fenomenología. Nada de grabaciones, ni fotografías, pese a tratarse de un organismo oficial, no de una empresa privada. Un centro que se mantiene gracias a la aportación de todos los ciudadanos pero que, en mi opinión, funciona en plan cortijo.

Se mantiene el silencio oficial a todos los niveles. El personal del centro no puede comentar los supuestos fenómenos que allí se producen. Impera amenazante la ley del mutismo. Según sus dirigentes, tales hechos perjudican la imagen del museo porque van en contra de la imagen de progresía y modernidad que pretenden ofrecer. Opinan que su difusión contribuiría a retornar al oscuro pasado. Intenciones que se contradicen a menudo.

Dentro de la Administración Central del Estado, el Museo Reina Sofía es un destino maldito para funcionarios y personal laboral. Excelentes profesionales que habían desempeñado puestos directivos en organismos estatales fueron enclaustrados entre sus muros para ver si tal arrinconamiento acababa con ellos y decidían abandonar la función pública. Defenestrados por UCD, machacados por el PSOE y olvidados por el PP. Condenados al más profundo ostracismo.

Una dictadura silenciosa. Únicamente interesa gente adepta a los mandamases de turno, dispuesta a airear de forma propagandística los discutibles logros de dicho museo y silenciar, aparte de la extraña fenomenología existente, la trayectoria económica.

Se intenta tapar todo. Como la desaparición de una escultura del artista Richard Serra de 38 toneladas que formaba parte de la colección permanente. Para evitar que se conociera el hecho encargaron una reproducción al autor a cargo del erario público. Nunca ha vuelto a saberse nada de quién y a dónde se llevó una obra de tal magnitud. ¿Sería el fantasma Ataúlfo?